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El amor y la vida no tienen rostro ni destinatario

El amor y la vida no tienen rostro ni destinatario

El amor y la vida no tienen rostro ni destinatario Estamos en peligro de muerte cuando vivimos dedicados a amar una única persona. No necesitamos ni el matrimonio ni vivir volcados en una pasión concreta y carnal, pues estaremos abocados a la autodestrucción y a la desaparición de nuestro ser personal, de nuestra capacidad para sentir y vivir la vida en todas sus manifestaciones. El ser humano no ha nacido para compartir un espacio y unas emociones con otro ser humano. Por eso somos unos sujetos agresivos y que intentamos aparentar lo que realmente no sentimos y no queremos. Por eso nos reunimos y celebramos cosas y situaciones que no nos interesan ni entusiasman. El ser humano es el sujeto vivo que mayor nivel de hipocresía y estupidez demuestra constantemente. Y la serie de disparates y frases supuestamente corteses y amables que ofrece a sus adversarios y enemigos, demuestra el profundo rencor y violencia que reside en todo engendro humano. Las instituciones han creado una serie de prisiones, bien adornadas con oropeles y llenas de todo tipo de trampas, para que las mujeres y los hombres no puedan gozar y disfrutar de su propio cuerpo y de sus deseos vitales en los momentos que estimen correctos y apropiados. Y recuerde siempre que, para amar no hace falta unirse en matrimonio a nadie. Para vivir libre e independientemente no hace falta votar a nadie ni creerse las monsergas y sermones del político-empresario de turno, personaje que suele estar infectado por todo tipo de enfermedades incurables, de corrupciones insoportables… Los que no saben besarse y abrazarse inesperada e interminablemente, no son dignos de vivir y caminar por los laberintos de la vida, pues han nacido para sembrar el aburrimiento y el temor, padres oficiales del caos y de la muerte. Acaricie la espalda y la nuca de aquella persona que desea y ama, tan ferviente y secretamente. No tenga temor alguno cuando sus ojos encuentren los ojos del ser que quiere, procurando abrir su boca a la boca que se acerca a usted con tanta ferocidad como usted pueda albergar en su cuerpo. Ame y olvide toda norma, todo consejo y toda historia, pues los únicos seres vivos que hay en todo el Universo, en toda la Tierra, son ustedes dos: convertidos ahora mismo en un excelso, excesivo y único océano, siempre luminoso y bravo. Los seres libres no precisan escribir la historia de sus pasiones, de sus locuras vitales, pues ellos mismos son la carne, el corazón, el alma y la sangre de la historia y del mundo, de ese mundo que nunca podrá ser contado ni sentido por otros seres… Antonio Marín Segovia

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